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No logro diferenciar en mi memoria estos dos días. Para mí 1 y 2 de febrero son un solo día. ¿En qué momento se escondió el sol entre el 1 y el 2? ¿Y cuándo volvió a salir? Tengo la sensación de que el sol está bien alto, deslumbrando mi vida desde el 1 de febrero de 2021, cegándome sin poder ver el tesoro que antes dormía en mi pecho y que ahora vive con nosotras.

El 1 de febrero de 2021 comenzamos con el proceso que realmente funcionó para que mi mujer se quedase embarazada. Ese día 1 de febrero fueron los nervios, la expectación, el miedo, la ilusión y la desilusión, para que volviesen, el día 2 de febrero, la esperanza y la ignorancia. La calma. Todo ello sin descanso, sin un paréntesis, sin tiempo para pensarlo.

Pasó exactamente un año, y el 1 de febrero de 2022 ingresamos en el hospital para tener a nuestra hija. Ese inolvidable día 1 de febrero fue el terror, el arrepentimiento, la fatiga, el odio, la soledad, la oscuridad, la lucidez y la madurez. Mi mujer sintió que se moría (…).

Recuerdo que se la llevaron de la habitación y que me quedé allí sola, imaginándome siendo madre viuda cuando de repente el tiempo voló y … ¡oigo que me llaman! Yo ya estoy preparada, así que me levanto mientras me dicen que corra rápido porque no queda nada. Entro justo cuando ella empieza a salir (…). Ya era 2 de febrero de 2022, el día que nació nuestra hija. Fue el segundo día más bonito de la historia de la humanidad. El primero, por supuesto, fue el 5 de mayo de 2018.

El 2-2-2022 fue la responsabilidad. Fue el olor de mi hija, sus lloros, sus enormes manos, sus infinitas pestañas, esos labios (…), pero sobre todo fue la fuerza sobrehumana de mi mujer, su hermosura, sus labios que ya son escuela, sus ojos, su piel marcada y su carne rasgada. Su alma muerta pero ya resucitada. Su esencia. El 2-2-2022 fue Ella.

Cuánto guardan el 1 y el 2 de febrero. Tanto que no nos cabe en el pecho, así que lo vamos escupiendo en mares de lágrimas, en abrazos eternos, en publicaciones sin sentido, en silencios cómplices, en miradas salvadoras, en nuestra intimidad abrumadora.