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Sociedad inhumana que no entiendes lo que significa tu nombre; que no eres más que una ilusión de unos pocos, y una grosera ridiculez de tantos otros: No te perdono el largo tiempo, los abrazos y besos que me has quitado con mis padres, hermanos y amigos. No te perdono el valioso tiempo que (precisamente) ahora me robas con Poleo, con mi mujer, ni por supuesto que me hayas apartado de sentir los movimientos de mi hija. No te lo perdono. No te perdono la incertidumbre que me causas y este desgaste emocional que envejece mi pelo y mi alma. No te perdono esta sensación de malgastar mi tiempo, ahora que este tiempo es sagrado, único, irrepetible.

Mientras me has robado mis noches de rutina, tú bailas, cantas y te reúnes con amigos. Yo que tenía la fortuna de dormir con una diosa. Mientras me arrebatas la paz en unos días de espera, tú me aseguras lo muchísimo que te cuidas y todo lo que haces por cuidarme a mí. Yo que odio esperar y que no soporto la mentira. Mientras tú me dices, con amplia sonrisa, sorpresa y compasión, que esto me lo tenías que hacer, que (pensando en mí) has querido hacerlo mejor ahora y no antes ni después; yo no paro de recordar cuando me advertías: si te portas bien, nunca te lo haré. Yo que ya sabía que podías ser de todo menos coherente.

Sociedad inhumana, no me vuelvas a amenazar, ya no creas que te creo. Yo ya vuelo lejos de ti, ya no estoy dentro.